1929:
LA REVOLUCIÓN PERMANENTE Lev Davidovich Bronstein Traducción directa del ruso de Andreu Nin Edición de Ruedo Ibérico (1972), a cargo de Juan Andrade y José Martínez
(León Trotski)
Digitalizado para la RED VASCA ROJA por Juan Mari Madariaga.
Las notas seguidas de [L. T.] son del propio León Trotski; las seguidas de [NDT] son de Andreu Nin.
(viene de pag. anterior)
En el prefacio de 1922 a mi libro 1905, decía yo que la previsión de la posibilidad y probabilidad de la dictadura del proletariado en Rusia antes que en los países avanzados se vio confirmada en la práctica doce años después. Radek, siguiendo otros ejemplos poco decorosos, presenta las cosas tal como si yo opusiera esta previsión a la línea estratégica de Lenin. Sin embargo, de mi prefacio se deduce con toda claridad que tomo la previsión de la revolución permanente en los rasgos fundamentales en que coincide con la línea estratégica del bolchevismo. Si en una de las notas hablo del "reajuste" del partido a principios de 1917, no lo hago en el sentido de que Lenin hubiera reconocido como "erróneo" el camino seguido precedentemente por el partido sino en el de que, felizmente para la revolución, llegó a Rusia con retraso, pero, así y todo, con la oportunidad suficiente para enseñar al partido a renunciar a la consigna de la "dictadura democrática", que había dado ya todo lo que podía dar de sí, y a la cual seguían aferrados los Stalin, los Kaménev, los Rikov, los Mólotov, etc. Se comprende que la alusión al "reajuste" provocara la indignación de los Kaménev, pues contra ellos iba. Pero ¿por qué la de Radek? Este no empezó a indignarse hasta 1928, esto es, después que él mismo se opuso al necesario "reajuste" del Partido Comunista chino.
Recordaré a Radek que, en vida de Lenin, mis libros 1905 (junto con el incriminado prefacio) y La Revolución de Octubre, desempeñaron el papel de manuales históricos fundamentales con respecto a ambas revoluciones, y fueron editados y reeditados gran número de veces en ruso y en idiomas extranjeros. Nunca me habla dicho nadie que en mis libros hubiera la contraposición de dos líneas, pues entonces, cuando los epígonos no habían iniciado aún la revisión, todo miembro del partido con sentido común no subordinaba la experiencia de Octubre a los viejos textos, sino que examinaba estos últimos a la luz de la Revolución de Octubre.
Con esto se halla relacionada una circunstancia de que Radek abusa de un modo completamente imperdonable: es un hecho -repite- que Trotski ha reconocido que Lenin tenla razón contra él. Naturalmente que lo he reconocido, y en este reconocimiento no hay ni un ápice de diplomacia. Me refería a todo el camino histórico de Lenin, a toda su posición táctica, a su estrategia, a su organización del partido. Pero este reconocimiento, naturalmente, no afecta a cada cita polémica por separado, interpretada hoy, por añadidura, con fines adversos al leninismo. Radek me había advertido ya en 1926, en el periodo del bloque con Zinoviev, que mi declaración sobre la razón de Lenin le era necesaria a aquél para cubrir, aunque no fuera más que un poco, su falta de razón contra mí. Ni que decir tiene que esto lo comprendía yo perfectamente. He aquí por qué dije en la séptima reunión plenaria del Comité ejecutivo de la Internacional Comunista que me refería a la razón histórica de Lenin y de su partido, y no, en general, a la de mis críticos actuales, los cuales intentan cubrirse con citas de Lenin deformadas. Hoy, sintiéndolo mucho, tengo que hacer extensivas estas palabras a Radek.
Con respecto a la revolución permanente, hablaba únicamente de las "lagunas" de la teoría, con tanto mayor motivo inevitables cuanto que se trataba de una previsión. Bujarin, en esta misma reunión plenaria, subrayó, con razón, que Trotski no renunciaba en conjunto a su concepción. Hablaré de las "lagunas" en otro trabajo, mas vasto, en el cual intento presentar de un modo coherente la experiencia de tres revoluciones, aplicándola a la senda que debiera seguir la Internacional Comunista, sobre todo en Oriente. Aquí, para no dar lugar a ningún equívoco, diré brevemente: a pesar de todas sus lagunas, la teoría de la revolución permanente, tal como esta expuesta incluso en mis primeros trabajos, ante todo en Resultados y perspectivas (1906), se halla inconmensurablemente más impregnada de espíritu marxista, y por consiguiente, inconmensurablemente más cerca de la línea histórica de Lenin y del partido bolchevique, no sólo que las divagaciones actuales de Stalin y Bujarin, sino también que el último trabajo de Radek.
Con esto, no quiero decir, ni mucho menos, que la idea de la revolución presente en todos mis escritos una línea siempre idéntica e inquebrantable. Me he dedicado no a coleccionar una serie de antiguas citas --a esto obliga en, la actualidad únicamente el periodo de reacción en el partido y de hegemonía de los epígonos--, sino a apreciar, acertada o desacertadamente, los procesos reales de la vida. En el transcurso de doce años (1905-1917) de actividad de publicista revolucionario, hay artículos en los cuales las circunstancias e incluso las exageraciones polémicas dictadas por ellas cobran demasiado relieve, quebrantando incluso la línea estratégica. Se pueden encontrar, por ejemplo, artículos en los cuales expresaba mis dudas con respecto al futuro papel revolucionario de todos los campesinos como clase, y, en relación con ello, me negaba, -sobre todo durante la guerra imperialista, a aplicar a la futura Revolución rusa el calificativo de "nacional", por considerarlo equívoco. Pero es preciso no olvidar que los procesos históricos que nos interesan, y entre ellos los efectuados en el campo, son infinitamente mas claros ahora, cuando hace ya tiempo que se han realizado, que en aquella época durante la cual no hacían más que desenvolverse. Observaré además que Lenin, que no perdía nunca de vista el problema campesino en todo su gigantesco alcance histórico, y de quien aprendimos todo esto, ya después de la Revolución de Febrero no veía aún con claridad si conseguiríamos arrancar los campesinos a la burguesía y arrastrarlos detrás de nosotros. En general, diré a mis rigurosos críticos que les es mucho más fácil encontrar en el transcurso de una hora contradicciones formales en los artículos periodísticos ajenos publicados en el transcurso de un cuarto de siglo, que mantener la unidad de la línea fundamental, aunque no sea más que en el transcurso de un año.
Queda todavía por señalar en estas líneas de introducción una consideración importantísima: si la teoría de la revolución permanente hubiera sido acertada -dice Radek-, Trotsky habría conseguido reunir sobre esa base una gran fracción. Como esto no sucedió, significa... que la teoría era errónea.
El argumento de Radek, tomado en su aspecto general, no tiene ni por asomo nada de común con la dialéctica. De dicho argumento se puede sacar la conclusión de que el punto de vista de la oposición con respecto a la Revolución china o la posición de Marx con referencia a los asuntos británicos, eran erróneos; que lo es asimismo la posición de la Internacional Comunista con respecto a los reformistas en América, en Austria, y, si se quiere, en todos los demás países.
Si se toma el argumento no en su aspecto "histórico-filosófico" general, sino aplicándolo únicamente a la cuestión que nos interesa, se vuelve contra el propio Radek. Podría tener una sombra de sentido si yo considerara o, lo que es más importante, si los acontecimientos hubieran demostrado que la línea de la revolución permanente se halla en contradicción con la línea estratégica del bolchevismo, es opuesta a la misma y difiere cada vez más de ella; sólo entonces habría una base para dos fracciones. Esto es precisamente lo que quiere demostrar Radek. Yo demuestro, por el contrario, que, a pesar de todas las exageraciones engendradas por las polémicas intestinas, a pesar del carácter agudo que pudiera tomar la cuestión en determinadas circunstancias, la línea estratégica fundamental era la misma. ¿Dónde podía tomar su origen una segunda fracción? En realidad, lo que sucedió fue que durante la primera revolución actué en estrecho contacto con los bolcheviques y luego defendí esta labor común en la prensa internacional contra la critica, propia de renegados, del menchevismo. En la Revolución de 1917 luché, junto con Lenin, contra el oportunismo democrático de esos mismos "viejos bolcheviques" que actualmente ha sacado a flote el periodo de reacción sin más arma que la persecución desatada contra la revolución permanente.
Finalmente, no intenté jamás fundar un grupo sobre la base de la idea de la revolución permanente. Mi posición en el interior del partido era conciliadora, y si, en momentos determinados, aspiré a crear un grupo, fue precisamente sobre esta base. Mi tendencia conciliadora se desprendía de una especie de fatalismo socialrevolucionario. Consideraba que la lógica de la lucha de clases obligaría a ambas fracciones a actuar de acuerdo y con el mismo rumbo ante la revolución,. En aquel entonces, yo no vela claro todavía el gran sentido histórico de la política, sostenida por Lenin, de delimitación ideológica y de escisión, allí donde fuera necesaria, a fin de forjar y templar un verdadero partido revolucionario. En 1911 Lenin escribía, a este propósito:
"La tendencia conciliadora es la suma de aspiraciones, de estados de espíritu, de opiniones indisolublemente ligados con la esencia misma de la misión histórica planteada al Partido socialdemócrata obrero ruso en la época de contrarrevolución de 1908-1911. Por esto, en el periodo mencionado, una serie de socialdemócratas se inclina hacia la tendencia conciliadora, partiendo de las premisas más diversas. El que de un modo más consecuente expresó la tendencia conciliadora fue Trotski, que fue también casi el único que intentó basar dicha tendencia en un fundamento teórico." (Obras, XI, parte II, pág. 371).
Al aspirar a la unidad a toda costa, involuntaria e inevitablemente, yo idealizaba las tendencias centristas del menchevismo. A pesar de las tentativas episódicas que realicé en tres ocasiones, no llegué, ni podía llegar, a una actuación común con los mencheviques. Al mismo tiempo, la línea conciliadora me oponía de un modo tanto más acentuado al bolchevismo cuanto que Lenin combatía implacablemente, y no podía dejar de combatir, dicha línea. Y sobre la plataforma conciliadora, naturalmente, no se podía crear ninguna fracción.
De aquí se desprende una lección, a saber: que es inadmisible y funesto quebrantar o atenuar la línea política con el fin de obtener una conciliación vulgar; que es inadmisible pintar con bellos colores el centrismo cuando éste zigzaguea hacia la izquierda; que es inadmisible exagerar e hinchar las divergencias con los verdaderos correligionarios revolucionarios, con el fin de alcanzar los fuegos fatuos del centrismo. He aquí cuáles son las verdaderas lecciones de los verdaderos errores de Trotski. Estas lecciones son muy importantes, y siguen conservando en la actualidad todo su vigor. Y Radek haría bien en meditar sobre ellas.
iii
Stalin, con ese cinismo ideológico que le es habitual, dijo en cierta ocasión:
"Trotski no puede ignorar que Lenin luchó contra la teoría de la revolución permanente hasta el fin de sus días. Pero esto, a Trotski no le inmuta." (Pravda, nº 262, 12-XI-26).
Es ésta una caricatura grosera y desleal, tanto vale decir netamente estalinista, de la realidad. En uno. de sus mensajes a los comunistas extranjeros, Lenin decía que las divergencias entre comunistas no tenían nada de común con las divergencias existentes en el seno de la socialdemocracia. El bolchevismo --decía-- había pasado ya por divergencias semejantes en el pasado. Pero "en el momento de la conquista del poder y de la creación de la República soviética, el bolchevismo apareció unido, se atrajo a lo mejor de las tendencias del pensamiento socialista que le eran afines". (Obras, XVI, p. 333).
¿A qué tendencias socialistas afines se refería Lenin al escribir esto? ¿A Martinov (4) y a Kuusinen(5)? ¿A Cachin(6) Thaelmann(7) y Smeraf(8)? ¿Eran ellos los que parecían a Lenin "lo mejor de las tendencias afines"? ¿Qué tendencia había más afín al bolchevismo que la que yo representaba en todas las cuestiones fundamentales, la de los campesinos inclusive? La misma Rosa Luxemburgo se apartó en los primeros momentos de la política agraria del gobierno bolchevista. Para mí, no había dudas. Yo era el único que estaba sentado a la misma mesa con Lenin cuando éste escribió con lápiz su proyecto de decreto agrario. Y el cambio de impresiones se redujo a lo sumo a una docena de breves réplicas, cuyo sentido era el siguiente: el paso dado es contradictorio, pero de una necesidad histórica absoluta; con la existencia de la dictadura del proletariado, en el terreno de la revolución mundial, las contradicciones desaparecerán; es todo cuestión de tiempo.
Si entre la teoría de la revolución permanente y la dialéctica leninista ante el problema campesino había una contradicción capital, ¿cómo puede Radek explicar el hecho de que yo, sin renunciar a mis ideas fundamentales sobre la marcha de la revolución no vacilase en 1917 con respecto a la cuestión campesina, contrariamente a lo que les ocurrió a la mayoría de los dirigentes bolcheviques de aquel entonces? ¿Cómo explica Radek el hecho de que los actuales teóricos y políticos del antitrotsquismo -Zinoviev, Kaménev, Stalin, Rikov, Mólotov, etcétera, etc. adoptaran todos, sin excepción, después de la Revolución de Febrero, una posición democrática vulgar y no proletaria? Lo repito: ¿a quién podía referirse Lenin al hablar de la fusión con el bolchevismo de los mejores elementos de las tendencias que le eran más afines? ¿Y no demuestra acaso ese balance final que hace Lenin de las pasadas divergencias que, en todo caso, no veía dos líneas estratégicas irreconciliables?
Más notable aún, en este sentido, es el discurso de Lenin en la sesión del Soviet de Petrogrado del 1-14 de noviembre de 1917 (9). En dicha reunión se examinaba la cuestión del acuerdo con los mencheviques y socialistas revolucionarios. Los partidarios de la coalición intentaron también, a decir verdad, muy tímidamente, hacer una alusión al "trotsquismo". ¿Qué contestó Lenin?
... ¿El acuerdo? Ni tan siquiera puedo hablar de esto seriamente. Trotski dijo hace tiempo que la unificación era imposible. Trotski comprendió esto, y desde entonces no ha habido mejor bolchevique que él".
No la revolución permanente, sino la tendencia conciliadora; he aquí lo que, a juicio de Lenin, me separaba del bolchevismo. Para que pudiera convertirme en el mejor de los bolcheviques sólo me era necesario comprender, como hemos oído, la imposibilidad del acuerdo con el menchevismo.
Sea como sea, ¿cómo explicar el viraje en redondo dado por Radek precisamente en la cuestión de la revolución permanente? Parece existir uno de los elementos de explicación. Como vemos por su artículo, Radek era en 1916 solidario de la "revolución permanente" en la interpretación de Bujarin, el cual consideraba que la revolución burguesa en Rusia estaba terminada --no el papel histórico de la burguesía ni el papel histórico de la consigna de la dictadura democrática, sino la revolución burguesa como tal-- y que el proletariado debía lanzarse a la conquista del poder bajo una bandera puramente socialista. Evidentemente, Radek interpretaba bujarinistamente mi posición de entonces: de no ser así, no hubiera podido solidarizarse al mismo tiempo conmigo y con Bujarin. Esto explica por qué Lenin polemizaba con Bujarin y Radek, con los cuales actuaba conjuntamente, aplicándoles el seudónimo de Trotski (Radek reconoce esto en su artículo). Recuerdo que en las conversaciones sostenidas en aquel entonces en París, me asustaba con su "solidaridad" problemática en esta cuestión M. N. Pokrovski, copartícipe de las ideas de Bujarin y constructor inagotable de esquemas históricos, barnizados muy hábilmente de marxismo. En política, Pokrovski era y sigue siendo un "antikadete" (anti-K.D).(10), tomando esto sinceramente por bolchevismo.
En 1924-1925 vivía todavía Radek en el recuerdo ideológico de la posición de Bujarin en 1916, la cual seguía identificando con la mía. Desengañado legítimamente de esta desventurada posición, Radek, como sucede a menudo en tales casos, después de un estudio superficial de Lenin, describe sobre mi cabeza un círculo de 180º. Es muy probable, pues es típico. Del mismo modo Bujarin, que en 1923-1925 viró en redondo, convirtiéndose de extremista de izquierda en oportunista, me atribuye constantemente su propio pasado ideológico presentándolo como "trotsquismo". En el primer periodo de la campaña contra mí, cuando me imponía a veces la lectura de los artículos de Bujarin, me preguntaba con frecuencia: ¿De dónde ha sacado esto? Pero después lo adiviné: consultaba su dietario de ayer. He aquí por que me pregunto si en la conversión contrapostólica del Pablo de la revolución permanente que Radek era ayer, en el Saulo de esta última no hay la misma base sicológica. No me atrevo a insistir en esta hipótesis. Pero no he podido hallar otra explicación.
Sea como sea, según la expresión francesa, la botella ha sido descorchada y hay que apurarla hasta el fondo. Tendremos que efectuar una larga excursión por la región de los viejos textos. He reducido las citas todo cuanto me ha sido posible. Pero, así y todo, son numerosas. Sírvame de justificación el esfuerzo constante que efectúo para tender un hilo entre este manoseo de viejas citas que me ha sido impuesto y los problemas candentes de nuestros días.
NOTAS
(1) Esta profecía se ha cumplido ya [L.T.].
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(2) Seudónimo de Leo Yogisches, militante socialdemócrata de izquierda, polaco, gran organizador, uno de los fundadores del Partido Comunista alemán, asesinado por la policía en Berlín en 1918 [NDT].
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(3) Es cierto que en 1909 Lenin cita mis Resultados y perspectivas en un articulo polémico contra Mártov. Sin embargo, no sería difícil demostrar que Lenin torna estas citas de segunda mano, esto es, del propio Mártov. Sólo así se pueden explicar algunas de las objeciones que me hace y que se fundan en un equívoco evidente.
En 1919, una editorial soviética publicó en folleto mis Resultados y perspectivas. A esa misma época aproximadamente corresponde la nota a las obras de Lenin, que dice que la teoría de la revolución permanente ha adquirido una significación especial "ahora", después de la Revolución de Octubre.
¿Leyó Lenin en 1909 mis Resultados y perspectivas, o les dio aunque no fuera más que un vistazo? No puedo decirlo. Yo, por entonces, me hallaba constantemente viajando de un sitio a otro, hacía sólo rápidas visitas a Moscú, y en mis entrevistas con Lenin -en momentos en que la guerra civil se hallaba en su apogeo- teníamos más que hacer que dedicarnos a recordar las viejas discusiones teóricas intestinas. Pero precisamente en aquel periodo. A. A. Joffé, como lo relata éste en la carta que me escribió antes de morir (véase Mi vida, p. 563-564) tuvo una conversación con Lenin sobre la teoría de la revolución permanente. ¿ Se puede interpretar la declaración de A. A. Joffé en el sentido de que Lenin hubiese leído por vez primera en 1919 mis Resultados y perspectivas y reconociese que la previsión histórica contenida en dicho trabajo era acertada? Nada puedo decir a este respecto, como no sea limitarme a conjeturas sicológicas cuya fuerza persuasiva depende del juicio que se tenga sobre el fondo de la cuestión debatida. Las palabras de A. A. Joffé, según las cuales Lenin reconoció que mi previsión era acertada, parecerán incomprensibles al hombre educado en esa margarina teórica de la época posleninista. Al revés, quien reflexione sobre el desarrollo efectivo del pensamiento de Lenin en relación con el desarrollo de la revolución misma, comprenderá que aquél, que nunca había examinado mi posición en su conjunto, sino que lo había hecho de paso, a veces de un modo evidentemente contradictorio, basándose en extractos aislados, debía, no podía por menos, apreciar de otro modo en 1919 la teoría de la revolución permanente.
Para reconocer en 1919 que mi previsión era acertada, Lenin no tenía necesidad alguna de oponer mi posición a la suya. Le bastaba tomar ambas posiciones en su desenvolvimiento histórico. No hay por qué repetir aquí que el contenido concreto que Lenin daba cada vez a su fórmula de la "dictadura democrática" y que se desprendía no tanto de esta fórmula hipotética cuanto del análisis de las modificaciones reales en la correlación de las clases, que este contenido táctico y de organización ha entrado a formar parte para siempre del arsenal de la historia como modelo clásico de realismo revolucionario. Casi en todos aquellos casos, por lo menos en los más importantes, en que desde el punto de vista táctico o de organización mi punto de vista era opuesto al de Lenin, la razón estaba de su parte. Precisamente por esto no veía ningún interés en defender mi antigua previsión histórica mientras podía parecer que no se trataba más que de recuerdos históricos. Sólo me he visto obligado a volver sobre el asunto en el momento en que la crítica de la teoría de la revolución permanente, hecha por los epígonos, no sólo alimenta la reacción teórica en toda la Internacional, sino que se convierte en un instrumento directo de sabotaje de la Revolución china [L.T.].
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(4) Martínov, menchevique acérrimo durante largos años, ingresó en el partido bolchevique en 1923, precisamente en el periodo en que se inicia la reacción contra las tradiciones de Octubre. [NDT].
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(5) Líder de la socialdemocracia finlandesa, actualmente secretario de la Internacional Comunista, que, con su política oportunista, determinó el fracaso de la revolución proletaria en su país. [NDT].
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(6) En 1917, Cachin era un socialpatriota ardiente, que después de la Revolución de Febrero fue a Rusia, acompañando a Albert Thomas y a Moutet, para predicar a los obreros y campesinos rusos la necesidad de continuar "hasta el fin victorioso la guerra por la libertad y el derecho". [NDT].
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(7) Actual secretario general del Partido Comunista alemán, completamente inédito en 1917. [NDT].
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(8) Líder del Partido Comunista checoslovaco, social patriota durante la guerra, y uno de los representantes más típicos del oportunismo de la Internacional. Gracias a su influencia ideológica, se ha podido decir irónicamente que el mejor partido socialdem6crata del mundo era el Partido Comunista checoslovaco. [NDT].
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(9) Como es sabido, la extensa acta de esta histórica sesión fue suprimida, por orden especial de Stalin, del Libro del Jubileo y sigue ocultándose al partido hasta ahora. [L.T.].
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(10) Esto es, adversario del partido de los K. D. (constitucionalistas demócratas). [NDT].
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